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Tras una estupenda pretemporada, el FC Barcelona debía confirmar esta noche su buen trabajo estival ante el Wisla de Cracovia: por su motivación y autoconfianza y por algo menos prosaico pero más importante un día del mes de agosto: confirmar su clasificación para la Liga de Campeones.
El desastre de la pasada temporada supuso el peaje de jugar esta eliminatoria, casi siempre más peligrosa por las fechas que por el rival. Desde luego los polacos no son un equipo que sirva para calibrar demasiado, pero ya en 2001 hicieron sudar al Barça de Rexach y Rivaldo en esta misma ronda y el vértigo de caer eliminado a veces agranda a este tipo de adversarios.
No fue el caso. Todo lo mostrado en Escocia, en la gira americana y en Florencia se confirmó como real. Guardiola, ninguneado y bajo sospecha por muchos, regresaba al Camp No...
Fuente: notasdefutbol.com
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