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Recuerdo la primera vez que vi jugar a Freddy Adu. Fue en la Copa Mundial de Fútbol Sub-17 de 2003 disputada en Finlandia. La Nike se había encargado días antes de este intrascendente campeonato de poner en marcha su impresionante maquinaria propagandística alrededor de un niño de tan sólo catorce años. En el campo sin embargo las maneras del jugador correspondían con creces a tanta expectación demostrada. Su figura achaparrada de apenas 1,70 se convertía en un derroche de potencia y velocidad al ponerse el movimiento. Y como suele suceder en estos casos, todos nos pusimos a soñar.
Recordabamos al mejor Ronaldo, tal vez a Weah pero nadie dudaba que ahí había un serio proyecto de crack en menos de cinco años. El futuro mesias que debía conducir a la selección estadounidense más allá del papel marginal que ocupa en es...
Fuente: notasdefutbol.com
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